El Cuento el Dom, trata sobre un Maharajá justo y bueno que un día uno de sus bufones le preguntó ¿cómo veía él la vida?, lo que le hizo caer en una negra meditación, pues él era una persona muy piadosa, equitativa y respetuosa del mundo. Por lo que descubrió que debía entregar su vida a la búsqueda de la verdadera piedad. Por lo que abandonó todas sus posesiones, llegando incluso a quemar su palacio y a repudiar a su esposa. Cumplido esto, se dedicó a caminar durante largo tiempo hasta que los insectos del suelo y el aire infestaron su cuerpo. De pronto descubrió que aún poseía libertad, por lo que aún no podía considerarse listo. Por lo que decidió venderse al primer hombre pobre que encontrase. Poco después, encontró a un sabio que ahogaba a los muertos de las personas más pobres, en un pantano, a cambio de un poco de dinero o un pedazo de tela.
El sabio lo aceptó y él le hizo compañía. Tiempo después llegó al pantano, una mujer cargando un joven muerto.
El joven era el hijo del Maharajá y la mujer, era la Rani, su esposa. El Rajá lloró sobre la cabeza de su hijo. La mujer le dijo si podía ahogarlo sin cobrar, pues ella era sumamente pobre y no tenía con qué pagar.
Mientras tanto el sabio no había comido durante días por lo que se quejaba y lloraba de dolor, por lo que el Rajá se compadeció de él y le pidió a su esposa que pagara obligatoriamente. Al hacer esto el Maharajá abandonó todo lo que le vinculaba al mundo terrenal y finalmente alcanzó el reposo eterno.
Este cuento es muestra fehaciente de cómo el ser humano en los cuentos de Schwob pasa del terror a la piedad, la cual es una característica primordial en la mayoría de sus relatos. Ya que el Maharajá tuvo que abandonar todas sus posesiones físicas, incluso afectivas, para alcanzar la iluminación. Esto nos hace debatir, sobre qué es lo que somos capaces de dejar o hacer, para poder alcanzar una verdadera piedad, una verdadera iluminación.
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